¡¡ 25 pesetas por cagar !!
Desde el principio de los tiempos los animales hemos necesitado energía
para realizar tareas, ya sean impuestas o voluntarias. Y esa energía la
conseguimos sintetizando comida, que tras su descomposición y aprovechamiento
produce residuos perjudiciales para el organismo y de los cuales tenemos que
deshacernos de alguna forma.
Esto no supone ninguna molestia siempre y cuando estés en tu propia casa o en
la de algún amigo/a (o en pleno campo), pero todo aquel que suela viajar con
cierta regularidad, y con poco dinero, habrá sufrido o sufrirá lo que podemos
denominar la putada de cagar en una estación.
La situación es la siguiente: las mochilas tiradas junto a sus dueños, de
repente notas un pequeño cosquilleo en el estómago y estás apunto de estallar
en un santiamén, recuerdas que llevas varios días sin descargar. Te levantas
rápidamente cortando la interesante conversación que mantenías con tus colegas
y tras explicar tus razones, aprietas el esfínter y te diriges al excusado.
Al llegar te encuentras con una pequeña rejilla junto a la cual puedes leer
dos números en un amable cartelito que te dan la mala noticia: ¡25 ptas. por
aliviarse! En la cabeza comienzan a dar vueltas varias ideas. No sólo cuesta
dinero comer sino que cuando lo consigues, también te cuesta dinero deshacerte
de los tóxicos elementos que esa comida provoca.
Mientras buscas rápidamente cinco duros en todos y cada uno de los bolsillos
que tiene tu ropa, tan sólo encuentras una moneda de otro país que en ese
momento te importa un carajo. Sales volando del WC, llegas donde están tus
amigos y pides por caridad la tan preciada moneda.
Una vez sentado, descansado y en proceso de vaciado te das cuenta de lo que
verdaderamente significa lo que hoy en día está pasando, cagar en un sitio
limpio es un privilegio, la higiene es un privilegio.
Cinco duros no es mucho, lo sé, pero ¿Qué pasará cuando suba el precio y sean
100Pts en un sitio limpio y 25 ptas. en uno sucio? ¿En qué se convertirán los
callejones oscuros y los escondidos recovecos de las ciudades?
Aún así, el problema para el hombre no es del todo tan grave, aunque si muy
preocupante, ya que al fin y al cabo, mingitar nos sale gratis gracias a las
pequeñas tacitas volantes.
Pero ¿y ellas? ¿Cómo es posible que el machismo llegue a tan exagerado grado?
¿Por qué nosotros pagamos una cosa y la otra no, mientras que ellas pagan por
las dos? La respuesta es que quien hace esos diabólicos servicios son además
de capitalistas y oportunistas, personas cuyo conservadurismo y por tanto
machismo rebasa los límites de lo que podemos soportar. No es por tanto ninguna
sorpresa que esos pequeños cubículos y los que se encuentran en plena calle,
hayan sido puestos en tan estratégicos sitios por el sistema.
Por lo tanto y en vista de tan gran injusticia, desde aquí os pido que si
tenéis que cagar en algún sitio, cagaros en el sistema y en sus claros abusos
no ya a los que carecen de dinero, sino además, en su claro ensañamiento hacia
las mujeres.
Paco Palomo (23 de mayo de 2000)
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