En este hostal creo que estuvimos un par de noches. Fue quizás el mejor hostal por el buen rollo
que había. Por la noche nos juntábamos todos los que estabamos en el hostal en la cocina hasta que el dueño nos
llamaba un poco la atención.
Los que están sentados eran una pareja inglesa (los de atrás) y un newyorquino. Bebedores empedernidos de verveza,
parecían esponjas. De pie, y empezando por la izquierda, está Chuchi, otro newyorquino y una de Chicago que viajaban
juntos y con los que salimos a dar una vueltecilla uno de los días, el dueño del hostal, Paco, yo y Carrascal.
Era una casa de tres pisos. En la planta baja vivía el dueño y había un pequeño patio.
En la primera planta había una habitación con unas ocho literas dobles (donde durmieron Carrascal y Chuchi),
un salón con todas las comodidades, la cocina y el baño. En el piso de arriba había una habitación con dos literas
(donde durmimos Paco y yo, compartiendo habitación con dos chinas). La estantería que se ve al fondo era como un
mostrador con todas las cosillas que vendía el fulano del hostal.
Por cierto, se nos olvidó allí un taper con unas tortillas de patata. Estuvimos bastantes días de esas tortillas
cuando llegaba la hora de comer. Un día en Amsterdam que no había tren para ir al hostal estuvimos a punto
de volvernos a Amberes por la noche a buscar el taper (con otras cosas que no me acuerdo que era) y volver por la
mañana. |